Buscar colegio siempre es algo muy complejo. Hoy en día la oferta se ha multiplicado y las opciones son más diversas. Sin  embargo, los colegios católicos siguen siendo una opción interesantísima porque ofrecen una formación que, sin descuidar la parte intelectual, se centra en la consolidación de líderes con la disposición y habilidad para servir a su país desde cualquier profesión que hayan elegido.

Humanos con una mirada trascendente

Algo que saben hacer muy bien los colegios católicos es enseñarle a sus estudiantes a mirar el mundo desde una perspectiva que tiene en cuenta lo material pero también lo espiritual. Niños que reconocen desde muy temprana edad que cada uno tiene un propósito en la vida y, así, en su proceso de formación se van encaminando a acciones que buscan dejar una huella positiva en nuestra sociedad. Son conscientes del Amor de Dios y por ende buscarán hacer que ese amor llegue a familiares, amigos y toda la sociedad.

Una comprensión integral del ser humano

De manera complementaria a lo anterior, aquellos que se forman en colegios católicos comprenden que el ser humano es un ser integral; un individuo con mente, con corazón e impulsado a la acción. A través de una sólida educación en valores y un recto acompañamiento, los niños van desarrollando, no solo sus capacidades intelectuales y académicas, sino que aprenden a educar su corazón para el amor por medio de principios, valores y una apertura libre a la fe. A la larga, serán personas felices porque se desarrollan desde su esencia para ayudar a quien lo necesite.

Educados para la comunión y la comunidad

Otra enseñanza fundamental y un gran diferencial en medio de un mundo que exige y proclama el individualismo como eje fundamental del éxito, es la habilidad para desarrollarse en comunidad y en comunión con personas diferentes. Fundamentalmente, somos seres para el encuentro y los niños que aprenden a relacionarse con otros y establecer vínculos en los que prima el respeto, la amistad y el amor, son personas que saben entender las necesidades de los demás. De manera particular, los niños aprenden a trabajar en equipo, a competir de manera sana y alegre y valorar la presencia de otros en sus vidas.

Esto resulta en un ambiente muy favorable para fomentar el interés por aprender cosas nuevas y para experimentar el Colegio como una extensión de la familia. Además, el colegio pone su mirada en las preguntas fundamentales y trascendentes. Aquellas que desvelan la necesidad que tenemos todos por acoger al otro en su profunda esencia y dignidad. En esa medida se educa en una aproximación a la sociedad desde el amor. Una perspectiva que da paso a la reconciliación, a la ayuda desinteresada, a la generosidad y a fomentar una cultura donde todos son acogidos y profundamente valorados por su identidad más profunda: todos somos hijos de Dios.

Personas con propósito 

Otra particularidad de quienes estudian en este tipo de instituciones es que se acostumbran a hacer preguntas grandes, retadoras, profundas. Cuestionamientos que los conducen a entender cuál es la naturaleza de las cosas y su propósito. Y esto a su vez les permite adquirir las herramientas necesarias para descubrir cuál es su propia vocación y aceptar con amor el Plan que Dios tiene para cada uno de forma particular.

En esa medida, quienes experimentan la Educación Católica Liberal son testigos de Esperanza para una humanidad que ha perdido su norte y, muchas veces pareciera, también su sentido. Estas personas, en la medida de sus capacidades y posibilidades, terminan haciendo vida la enseñanza del Evangelio al ser “…Sal de la tierra y luz del mundo”(Mt 5, 13-16).

En fin, buscar colegio no es una tarea sencilla pues implica una responsabilidad inmensa. Sin embargo, acá hay tan solo algunas luces de sus atributos y argumentos sencillos de porqué optar por un colegio católico siempre será una buena decisión.

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