Para nadie es un secreto que la adolescencia es una etapa compleja en la vida del ser humano. Muchas veces corremos el riesgo incluso de juzgar a los jóvenes porque pasan por un periodo de mucho cuestionamiento y en el que todo pareciera reconfigurarse. Sin embargo, hay algunas claves que pueden ser muy útiles para comprender mejor y acompañar, comprendiendo lo que esta ocurriendo.

  1. Sensaciones duraderas

El cerebro de un adolescente es como una iglesia que está en re-construcción. Antes, era como una hermosa capilla, que era pequeña y muy acogedora. Ese lugar, necesita crecer, convertirse en una catedral, capaz de albergar a muchas personas, como una obra arquitectónica única, que incluye dentro de sí belleza, verdad y vida. Por eso necesita re-modelarse.

En términos neurológicos existe un proceso que se llama “mielinización”. Este consiste en que todas las conexiones que un joven había construido hasta el momento, ahora se están consolidando. El adolescente esta sintiendo cosas que nunca antes había sentido y mucho mas duraderas que antes. Ya no son solo emociones pasajeras. Ahora puede enamorarse, sentir que el mundo es todo color de rosa. De la misma forma, puede sentir que el mundo es el bosque oscuro de Blancanieves. Su cerebro es capaz de hacerlo sentir en medio del Fin del Mundo y un momento después, como si estuviera en un valle de Tulipanes en Holanda.

Centro control de Chernobyl

Todos conocemos lo que ocurrió con la planta nuclear de Chernóbil. Si bien las causas del accidente y su posterior desarrollo son objeto de polémica y debate, lo que queda claro es que desde la noche anterior a la tragedia se había dado un desequilibrio descontrolado en uno de los reactores que ocasionó el sobrecalentamiento del reactor central y esto, a su vez, terminó en una sucesión de dos explosiones. Algo similar ocurre cuando la corteza prefrontal de nuestro cerebro esta en remodelación.

Dicha corteza tiene 3 partes. Una de ellas es la orbitofrontal y se encarga de regular el comportamiento y la toma de decisiones. Su rol es inhibir nuestros pensamientos y nuestros sentimientos. Eso significa, que mientras que esta corteza esté en remodelación, vamos a poder controlar mucho menos. Esto es bastante complejo, por eso muchas veces los adolescentes actúan como niños; no son capaces de frenar ciertas conductas de riesgo. Como en el caso de la planta de Chernóbil las cosas se salen de control y todo puede estallar.

Ante esto es muy importante entender que, dado que para el adolescente entre más grande sea el estímulo más complejo le será manejarlo, quienes los acompañamos (padres de familia, hermanos mayores, profesores y demás expertos) debemos aplicar una sensibilización sistemática. Es decir, ayudarle a graduar los estímulos a los que se expone. En palabras sencillas, para ellos es mejor ir poco a poco.

3. El cerebro no nace aprendido ni aprende evitándose

Otras partes de la corteza prefrontal que están en remodelación es la ventromedial y la dorsolateral. La primera es la encargada de comprender las reglas sociales implícitas, la forma cómo debemos reaccionar a ciertos “fenómenos sociales”, como los chistes, los bailes, comer, incluso, contar una historia.

En este proceso de aprendizaje, las caídas, errores y catástrofes van a pasar en el mundo adolescente (de todos los tipos, formas y colores). La forma en la que aprenderá su cerebro es reconstruyéndose.

Por eso, cuando se trata de acompañar a un adolescente, no se trata de fomentar una cultura del evitamiento. Porque esto hace que cuando se enfrentan a este tipo de realidades pueden vivir una catástrofe existencial. Pueden tener la experiencia de sentir que no tienen la capacidad para responder a la vida, porque no ha habido una preparación, de a poquitos, para lograrlo.

Se trata, por tanto, de permitirle vivir todas esas cosas y si se cae o equivoca ayudarle a pararse y a corregir. Recuerden que acompañar significa estar presente, no gobernar o controlar.

Por otro lado, está la parte dorsolateral de la corteza prefrontal. Esta se encarga de la metacognición, es decir poder rectificar si estoy distraído, poder darme cuenta de los errores que cometo cuando hablo o escribo, poder “guardar” información que es importante. Cuando esta corteza está en remodelación, las funciones ejecutivas están a media marcha. Es aquí donde muchas de las diferencias individuales entre los adolescentes aparecen. A una mayoría importante, les cuesta mas la organización y la planeación. A algunos otros les cuesta más encontrar nuevos caminos para solucionar sus problemas. A otros les cuesta dirigir sus recursos atencionales y su memoria hacia lo que es importante en un momento particular.

Por tanto, el acompañante debe ser muy observador del adolescente de manera integral para poder darle la mano cuando sea necesario, pero también para poder darle impulso para que él o ella sea capaz de lidiar con estos procesos.

4. El desarrollo se da a través del contacto social

Un dato clave muy importante. Aunque el adolescente parece saber cómo enfrentarse a diferentes situaciones que son nuevas para él, realmente en su interior predomina una inseguridad inmensa. Desde lo externo parece manejar todo a la perfección pero por dentro lo acosan millones de preguntas ¿Lo estoy haciendo bien? ¿Por qué me miran de esa manera? ¿Será que él o ella esta molesto conmigo?

Nuestros adolescentes viven una lucha interior muy fuerte, por eso es importante mirarlos con misericordia y no juzgarlos. Ellos tienen que aprender a través del contacto social y no hay manera diferente. Lo más recomendado es, entonces, recordarles sus fortalezas y seguridades. Ofrecerles un amor incondicional y lleno de respeto. Brindarles un trato abierto a escucharlos y a comprender todas sus dudas o cuestionamientos. Mostrarles que el adulto que está para ellos (sea educador, sea amigo, sea padre o madre) no tiene miedo de compartir los errores de la propia juventud y contarle cómo sorteo los retos de la vida.


5. ¿Dios y adolescencia?

El cristianismo no puede reducirse a los 10 mandamientos. Mucho menos a una mera ideología o moral.

No es estratégico presentarle a los adolescentes la religión como un autoritarismo porque dado que en la adolescencia se está dando un reconocimiento y un “descubrir el mundo”, cuando el joven se enfrenta a este tipo de actitud, de manera inmediata genera una barrera porque percibe que la autoridad, cuando es muy estricta, le impide ser quién es y vivir ese proceso de exploración de forma libre y natural.

En ese sentido el cerebro adolescente se mueve entre dos corrientes. Por una parte desea evitar al león (o todo aquello que para él representa el peligro) y enfrentar el león (tener la valentía de asumir esos retos). Por eso, para fomentar el encuentro con Dios y con la Iglesia es fundamental presentarle una misión (un reto) pero que a su vez, comprenda que va acompañado y no solo. La Iglesia debe ofrecerle al adolescente una comunidad que lucha por grandes ideales; personas que pueden pensar distinto pero que tienen un horizonte.

Para el cerebro adolescente, vivir en comunidad y revolucionar el mundo, son estados fundamentales. Si estos elementos se conjugan la experiencia de Fe será mucho más enriquecedora y le dará la posibilidad de pensar en preguntas como ¿Cuál es mi lugar en el mundo? y más adelante ¿A qué me invita Dios?

Si su experiencia ha sido la de sentirse amado, comprendido y valorado muy seguramente responderá, también, con Amor a esas grandes preguntas

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